1º día: Asakusa y Akihabara
Como decíamos hace un rato, la llegada fue dura y cansada. Pero habiendo llegado a las 11 de la mañana el hotel, y siendo el "check-in" a las 15, había que irse a algún lado. Estando los ánimos como estaban, nos quedamos por la zona: Asakusa.
Básicamente es un barrio residencial, tranquilo, lleno de viejetes y tal. Sin aceras, pero eso sí, con rallas en el suelo para que el señor conductor sepa que no tiene que atropellarte.
Nuestro barrio, como siempre por aquí, los cables de tejado a tejado
Durante nuestro garbeo nos plantamos en un mercado tradicional. Mucha gente, tiendas pequeñas en plan antigüete, de madera y tal. Todo muy "época Edo". Me sentí fracamente raro, aquello eran tan y tan japonés que desencajábamos muy mucho. Es una zona poco turística, muy "de ellos", y se notaba. El caso es que como primer contacto fue impactante.
Mercadillo japo, muy majo él
Le quise echar una foto a un restaurancillo muy mono y la dueña salió corriendo a decirme que nanai. Me hice el longuis, miré para otro lado como si la cosa no fuese conmigo, y foto pa la saca. Como dijo Iñaki: "mira, ahora tiene doble trabajo, enfadarse y desenfadarse".
La foto del delito
De vuelta al hotel nos paramos a comer en un restaurante de sushi. La cosa es que la gente se sienta alrededor del cocinero, que va dejando platos en una cinta giratoria. Hay miles de ellos por aquí, muy pequeños todos. Como decía aquí turismo más bien poco, así que inglés todavía menos. La sensación de impotencia al intentar pedir bebida o entendernos con la camarera era potente. Por suerte una simpática pareja tuvo por bien indicar a Enric, que acabo desaconsejándonos el gengibre que previamente le habían aconsejado ellos. Cosas que pasan.
Ya reventados volvimos al hotel, y si bien las únicas ganas que había en el ambiente eran las de dormir de una maldita vez tras tantísimas horas, sabiamos que el jet lag nos jodería bien si dormiamos toda la tarde. Con todo nos obligamos a ir hacia Akihabara.
Akihabara es el barrio de la electrónica y tal, del que vimos… casi nada, debido al sueño. Sólo tuvimos tiempo de entrar en un centro comercial, que venía a ser como un Media Markt. Con la ligera diferencia de que cada planta tenía el tamaño de un Media Markt, y tenía 9 plantillas de nada. A-CO-JO-NAN-TE. Hasta la PlayStation 3 vimos. No hay fotos porque con el sueño no podiamos ni pensar en ello.
Volvimos al hotel molidos, nos metimos en la camita a las 19, y oye, gloria, gloria bendita.
Ya seguiriamos al día siguiente con fuerza renovada y una necesaria ducha.




