7º día: templo Inari, estación de Kyoto
El templo Inari es uno de los más importantes (según algunos, el más importante) de todo Japón.
Resulta que está al ladito mismo de nuestro Ryokan, a 3 o 4 minutillos, así que una vez que dejamos los trastos allí y comimos, nos fuimos para allí.
El templo de Inari
Lo que hace de este un templo especial es el impresionante camino de arcos. Son más de 4km de arcos rojos situados unos tras otro, creando una especie de túnel que asciende por la montaña. Son miles de ellos. Y asciende el camino, asciende. Creiamos que no veiamos el final, tuvimos que parar varias ocasiones para descansar, porque la excursión es larga de cojones, y el camino es empinado el jodío. Con la coña nos tiramos 2 horas entre ascensión y retorno.
Aquí estamos subiendo entre los arcos
Enric nos explica como se pide un deseo en un templo de estos
El monstruo Iñaki surge del infierno de arcos
Al volver a las calles de nuestro barrio todo estaba muerto. Se había hecho de noche y todo había cerrado (a eso de las 17, muy frustrante, la verdad). Como no quedaba nada que hacer por aquí nos subimos al tren y nos fuimos a la estación de Kyoto a ver si había más movimiento…
… y tampoco triunfamos mucho, la verdad. Los alrededores de la estación estaban igual de muertos que nuestro "pueblecillo", así que nos dedicamos a echarle un ojo a la estación, que es to grande, y cenamos por allí.
De vuelta al ryokan, triunfazo total: el baño típico japonés. Basicamente consiste en una sala donde puedes lavarte y relajarte. Te sientas en un taburete y te lavas ahí a lo cutre. El agua puede salpicarlo todo, toda la sala es ducha. Cuando acabas te metes en la bañera de agua caliente, grande como para meterte entero tranquilamente, y te relajas viendo el jardincillo típico de al lado. Un triunfazo, la verdad, sales de ahí doblao ya para irte a dormir.
Unas partidas a las DS y a dormir a los futones, que son durillos (¡la almohada es de arena por lo menos!) pero sirven para descansar.



